Victor Hugo
Psiquiatría para tratar la depresión
La depresión es un trastorno mental que afecta a una parte considerable de la población. En España, según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), en 2020 se estimó que alrededor del 5,4% de las personas mayores de 15 años habían experimentado algún tipo de cuadro depresivo, lo que representa aproximadamente que 2,1 millones de individuos están afectados. De estos casos, unos 230 mil se consideran graves.
¿Qué es la depresión?
Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la depresión es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por una tristeza profunda, pérdida de interés o placer en actividades cotidianas, fatiga, baja autoestima y pensamientos negativos recurrentes. Y puede afectar a la vida personal, social y laboral de quien la padece.
Si vamos a una definición clínica, podemos definir a la depresión como una alteración neuroquímica del cerebro que afecta los neurotransmisores (como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina), provocando síntomas emocionales, físicos y cognitivos, como apatía, ansiedad, insomnio y problemas de concentración.
Incluso si nos vamos a un terreno más popular, la depresión se entiende como una sensación persistente de tristeza o vacío que dificulta la realización de actividades cotidianas, o como un estado de crisis interna donde la persona pierde el sentido de la vida, experimentando desesperanza y aislamiento.
Qué tipos de depresión existen y ejemplos
Existen diferentes tipos de depresión, entre los más comunes se encuentran:
- Depresión mayor: se caracteriza por un bajo estado de ánimo de mínimo dos semanas de evolución, que consiste en sentirse triste, melancólico, infeliz o abatido. Se conoce también como depresión grave o depresión resistente. Este tipo de depresión provoca síntomas intensos que afectan a la capacidad de una persona para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de actividades cotidianas. Se diferencian en gradiente de leve, moderada y grave. En el caso que se hayan ensayado dos líneas de tratamiento sin resolución, se puede nombrar como depresión resistente.
- Trastorno depresivo persistente (distimia): es una forma de depresión que se inicia en la infancia o la adolescencia, generalmente en relación con aspectos biográficos del paciente (poca regulación emocional en la infancia, entorno familiar hostil, soledad, etc.) y determinadas características psicológicas. Los síntomas son menos severos, pero duran mínimo alrededor de dos años. Aunque hay una tendencia a cronificarse, afortunadamente el tratamiento adecuado puede cambiar ese curso. Un ejemplo sería alguien que, durante un período prolongado, tiene un estado de ánimo bajo acompañado de baja autoestima y desesperanza.
- Depresión posparto: puede aparecer después del nacimiento y manifestarse mediante tristeza profunda, ansiedad, culpa, agotamiento o dificultades para cuidar de una misma y conectar emocionalmente con el bebé. Aunque algunos síntomas pueden comenzar durante el embarazo, en ese caso hablamos de depresión perinatal..
- Trastorno afectivo estacional: ocurre generalmente durante los meses de invierno, cuando hay menos luz solar, y suele desaparecer en primavera o verano. Un ejemplo es una persona que cada invierno siente una disminución de energía, duerme más de lo habitual y se aísla socialmente.
¿Por qué tienes depresión?
Las causas de la depresión pueden ser variadas. Influyen desde factores biológicos, como alteraciones en los neurotransmisores cerebrales, predisposición genética o cambios hormonales como la menopausia, hasta factores psicológicos como una baja autoestima o pensamientos negativos recurrentes. De la misma forma, determinados eventos ambientales pueden resultar estresantes o incluso traumáticos, como son la pérdida de un ser querido, presentar problemas financieros o conflictos interpersonales con personas importantes.
Además, es muy importante conocer que existen ciertos factores de riesgo que pueden agravar la situación o ser el desencadenante de la depresión, como por ejemplo las adicciones a alcohol o drogas, ciertos medicamentos (anticonceptivos, determinados tratamientos para el acné, los antihipertensivos…), o haber tenido antecedentes de problemas de salud mental con anterioridad.
En algunos casos, la depresión puede aparecer o mantenerse después de experiencias traumáticas, pérdidas importantes o situaciones de amenaza prolongada. Cuando junto al bajo estado de ánimo aparecen recuerdos intrusivos, hipervigilancia o evitación, conviene valorar si existe un trastorno por estrés postraumático asociado.
También es importante explorar si existen enfermedades físicas, limitaciones funcionales o dolor crónico que estén influyendo en el estado de ánimo, la energía y la sensación de desesperanza.
¿Cómo puedes identificar la depresión?
Los síntomas de la depresión varían de una persona a otra, pero comúnmente incluyen:
- Sentimientos persistentes de tristeza, vacío o desesperanza.
- Pérdida de interés en actividades que antes eran placenteras.
- Cambios en los patrones de sueño, como dificultad para dormir, despertares frecuentes o empeoramiento del insomnio.
- Dificultad para dormir o hipersomnia (exceso de sueño).
- Fatiga o falta de energía.
- Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva.
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
- Pensamientos de muerte o suicidio
Estos síntomas no siempre impiden que la persona continúe trabajando, cuidando de su familia o cumpliendo con sus responsabilidades. En algunos casos, el malestar permanece oculto detrás de una vida aparentemente normal, una situación que suele describirse como depresión funcional.
¿Cómo se trata la depresión?
El tratamiento de la depresión puede incluir:
- Terapia psicológica: la terapia cognitivo-conductual (TCC) se ha mostrado eficaz en el tratamiento de la depresión, ya que ayuda a modificar patrones de pensamiento negativos y comportamientos asociados. En los casos más complejos se puede indicar psicoterapias humanistas. Es importante fijar objetivos terapéuticos para minimizar el riesgo de cronificación, sobre todo en determinados tipos de cuadros depresivos.
- Medicación: los antidepresivos pueden ser prescritos para ayudar a equilibrar los neurotransmisores en el cerebro. Son especialmente efectivos en la depresión mayor y en la depresión postparto. En casos resistentes, se puede utilizar el tratamiento con estabilizadores del ánimo también.
- Cambios en el estilo de vida: incorporar actividad física regular, una dieta equilibrada y técnicas de manejo del estrés, resultan de ayuda, así como mantener buenos hábitos de sueño.
- Apoyo social: buscar la conexión social con amigos, familiares o grupos de apoyo.
¿Cuándo visitar un psiquiatra por depresión?
Es importante consultar con un psiquiatra cuando el estado de ánimo bajo, la apatía o la pérdida de interés se mantienen durante semanas y empiezan a afectar de forma significativa a tu vida diaria, al trabajo, a las relaciones personales o a tu capacidad para disfrutar de actividades habituales.
La valoración psiquiátrica es especialmente necesaria si la depresión no mejora con el tiempo, si has probado previamente psicoterapia sin obtener resultados suficientes o si aparecen síntomas como insomnio persistente, fatiga intensa, dificultad para concentrarte, sentimientos de culpa excesiva o desesperanza marcada.
También es fundamental pedir ayuda especializada cuando existen pensamientos de autolesión o ideas de muerte, aunque sean ocasionales, o cuando la depresión se acompaña de ansiedad intensa, consumo de sustancias u otros problemas de salud mental. En estos casos, contar con un diagnóstico claro y un seguimiento médico continuado (por ejemplo con terapia online) es clave para un tratamiento seguro y eficaz.
¿Qué voy a mejorar tratando la depresión?
Abordar la depresión de manera adecuada ofrece múltiples beneficios, entre ellos:
- Mejora en la calidad de vida y bienestar general.
- Mayor capacidad para enfrentar situaciones estresantes.
- Reducción del riesgo de desarrollar otros trastornos de salud mental y enfermedades físicas.
- Fortalecimiento de las relaciones interpersonales y desempeño laboral o académico.