Helen Keller
Psiquiatría para tratar el dolor crónico
La Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS reconoce el dolor crónico como un dolor persistente o recurrente que dura más de tres meses, y que puede estar influido por factores biológicos, psicológicos y sociales.
En España, el Barómetro del Dolor Crónico estima que el dolor crónico afecta aproximadamente al 25,9% de la población adulta, lo que supone más de nueve millones de personas. Además, los datos recogidos en este informe muestran que una parte relevante de los pacientes con dolor crónico presenta también ansiedad, depresión, alteraciones del sueño o limitaciones importantes en su vida cotidiana.
¿Qué es el dolor crónico?
El dolor crónico es un dolor que persiste o reaparece durante más de tres meses. A diferencia del dolor agudo, que suele actuar como una señal de alarma ante una lesión o enfermedad, el dolor crónico puede mantenerse incluso cuando la causa inicial ya no está activa o cuando no existe una explicación médica proporcional a la intensidad del sufrimiento.
Esto no significa que el dolor sea “imaginario” ni que la persona lo esté exagerando. El dolor es una experiencia real, personal y compleja, influida por el cuerpo, el sistema nervioso, la historia clínica, el contexto emocional y las experiencias vitales de cada paciente.
Cuando el dolor se mantiene en el tiempo, puede modificar la forma en que la persona se relaciona con su cuerpo y con su vida diaria. Puede aparecer miedo al movimiento, evitación de actividades, aislamiento, irritabilidad, tristeza, insomnio, cansancio y sensación de pérdida de control.
Desde la psiquiatría, mi función no es sustituir la valoración médica del origen físico del dolor, sino ayudar a comprender y tratar el impacto emocional, psicológico y conductual que el dolor crónico puede generar o mantener.
Qué tipos de dolor crónico existen y ejemplos
El dolor crónico puede tener diferentes causas y formas de presentación. Una clasificación útil distingue entre dolor crónico primario y dolor crónico secundario.
- Dolor crónico primario: es aquel en el que el dolor se considera un problema de salud en sí mismo, y no se explica completamente por otra enfermedad o lesión activa. Puede asociarse a malestar emocional, limitación funcional y alteraciones en la regulación del sistema nervioso. Un ejemplo sería una persona con dolor generalizado persistente, cansancio, problemas de sueño y gran interferencia en su vida diaria.
- Dolor crónico secundario: aparece como consecuencia de otra enfermedad, lesión o proceso médico. Puede estar relacionado con problemas musculoesqueléticos, enfermedades reumatológicas, lesiones nerviosas, cirugías, traumatismos, cefaleas, dolor oncológico u otras condiciones médicas.
- Dolor neuropático: se produce por una lesión o alteración del sistema nervioso. Puede manifestarse como quemazón, descargas eléctricas, hormigueo, pinchazos o sensibilidad aumentada.
- Dolor musculoesquelético crónico: afecta a músculos, articulaciones, espalda, cuello u otras estructuras corporales, y puede generar limitaciones importantes en la movilidad y en la vida diaria.
En la práctica clínica, muchas personas presentan cuadros mixtos, donde el dolor físico se combina con ansiedad, depresión, insomnio, estrés, trauma o una larga historia de tratamientos que no han dado el resultado esperado.
¿Por qué tienes dolor crónico?
Las causas del dolor crónico pueden ser muy distintas. En algunos casos existe una enfermedad médica identificable. En otros, el dolor continúa después de una lesión, cirugía o proceso inflamatorio. También puede aparecer sin que las pruebas médicas expliquen completamente la intensidad del malestar. Algunos factores que pueden contribuir al mantenimiento del dolor son:
- Factores biológicos: lesiones previas, enfermedades inflamatorias, alteraciones musculoesqueléticas, afectación nerviosa o cambios en la sensibilidad del sistema nervioso.
- Factores psicológicos: ansiedad, depresión, miedo al dolor, hipervigilancia corporal, estrés mantenido o experiencias traumáticas.
- Factores conductuales: evitación del movimiento, reducción progresiva de actividades, aislamiento, pérdida de rutinas o dependencia excesiva de conductas de seguridad.
- Factores sociales y laborales: baja laboral prolongada, conflictos familiares, incomprensión del entorno, sobrecarga económica o pérdida de roles personales importantes.
- Factores relacionados con el sueño: el insomnio y el descanso no reparador pueden aumentar la percepción del dolor y reducir la capacidad de afrontamiento.
Por eso, una valoración adecuada del dolor crónico no debería limitarse a preguntar “dónde duele”. También es importante explorar cómo afecta el dolor al ánimo, al sueño, a la autonomía, a las relaciones y a la identidad de la persona.
¿Cómo puedes identificar el dolor crónico?
El dolor crónico se identifica por su duración, pero también por el impacto que tiene en la vida diaria. No se trata solo de sentir dolor durante mucho tiempo, sino de cómo ese dolor condiciona la forma de vivir, moverse, descansar, trabajar o relacionarse. Algunas señales frecuentes son:
- Dolor persistente o recurrente durante más de tres meses.
- Limitación para realizar actividades cotidianas.
- Miedo a moverse o a empeorar el dolor.
- Insomnio, despertares frecuentes o sueño no reparador.
- Cansancio persistente o sensación de agotamiento.
- Irritabilidad, tristeza, ansiedad o desesperanza.
- Hipervigilancia corporal y preocupación constante por los síntomas.
- Aislamiento social o reducción de actividades placenteras.
- Sensación de incomprensión por parte del entorno.
- Uso frecuente de medicación sin una mejoría suficiente.
Cuando el dolor se acompaña de ansiedad, depresión, insomnio, consumo de sustancias o pérdida importante de calidad de vida, es recomendable realizar una valoración psiquiátrica para entender el cuadro de forma global.
¿Cómo se trata el dolor crónico?
El tratamiento del dolor crónico debe ser individualizado y, en muchos casos, multidisciplinar. Puede implicar a diferentes profesionales según la causa y las necesidades del paciente: medicina de familia, unidades del dolor, neurología, reumatología, traumatología, fisioterapia, rehabilitación, psicología o psiquiatría.
Desde la psiquiatría, el tratamiento puede incluir:
- Evaluación clínica integral: valorar el impacto del dolor en el estado de ánimo, el sueño, la ansiedad, la conducta, las relaciones y la funcionalidad.
- Psicoterapia: trabajar el miedo al dolor, la evitación, la relación con el cuerpo, la regulación emocional y la recuperación progresiva de actividades significativas.
- Tratamiento farmacológico: en algunos casos, determinados fármacos pueden ayudar a tratar síntomas asociados como depresión, ansiedad, insomnio o dolor con componente neuropático, siempre valorando beneficios, riesgos e interacciones.
- Psicoeducación: comprender cómo funciona el dolor crónico ayuda a reducir la culpa, el miedo y la sensación de indefensión.
- Coordinación con otros profesionales: cuando existe una causa médica activa o un tratamiento específico del dolor, es importante que la intervención psiquiátrica se integre con el resto del abordaje.
El objetivo no es decirle al paciente que “todo es psicológico”, sino ayudarle a recuperar recursos, reducir el sufrimiento asociado y mejorar su calidad de vida dentro de un plan clínico realista.
¿Cuándo acudir a un psiquiatra por dolor crónico?
Consultar con un psiquiatra puede ser recomendable cuando:
- El dolor crónico se acompaña de ansiedad, depresión o irritabilidad persistente.
- El dolor está afectando de forma importante al sueño.
- Has reducido mucho tus actividades por miedo a empeorar.
- Sientes que tu vida gira alrededor del dolor.
- Existe desesperanza, aislamiento o pérdida de interés por actividades importantes.
- Has probado distintos tratamientos sin una mejoría suficiente y necesitas una valoración global.
- Tomas medicación para dormir, ansiolíticos u otros fármacos de forma frecuente y te preocupa la dependencia o la falta de control.
- El dolor se relaciona con experiencias traumáticas, estrés mantenido o una historia de sufrimiento emocional.
- Necesitas coordinación entre el abordaje médico del dolor y el tratamiento de la salud mental.
Una valoración psiquiátrica permite diferenciar qué parte del cuadro corresponde al dolor, qué parte está relacionada con ansiedad, depresión, insomnio u otros problemas asociados, y qué tipo de tratamiento puede ayudarte sin invalidar tu experiencia.
¿Qué voy a mejorar tratando el dolor crónico?
Tratar el dolor crónico desde un enfoque psiquiátrico y psicoterapéutico no significa prometer que el dolor desaparecerá por completo. Significa trabajar para que el dolor tenga menos poder sobre tu vida y para reducir el sufrimiento emocional que lo acompaña. Con un abordaje adecuado puedes mejorar:
- La calidad del sueño y el descanso.
- La ansiedad asociada al dolor.
- El estado de ánimo y la sensación de desesperanza.
- La relación con tu cuerpo.
- La capacidad para retomar actividades de forma progresiva.
- La autonomía en la vida diaria.
- La comunicación con tu entorno.
- El uso más seguro y ordenado de la medicación.
- La sensación de control y de dirección terapéutica.
El dolor crónico puede ser muy invalidante, pero no tiene por qué abordarse únicamente desde la resignación. Cuando se comprende de forma global y se trata con un plan adaptado, es posible recuperar funcionalidad, seguridad y calidad de vida.