Viktor Frankl
Psiquiatría para tratar la distimia
La distimia puede pasar desapercibida durante años. La persona continúa trabajando, atendiendo sus responsabilidades y relacionándose con los demás, pero lo hace desde un estado casi permanente de cansancio, desánimo o falta de ilusión.
Según el National Institute of Mental Health, alrededor del 1,5% de los adultos experimenta un trastorno depresivo persistente en un año determinado y aproximadamente el 2,5 % lo padece en algún momento de su vida. Además, cerca de la mitad de las personas afectadas presenta una repercusión grave en su funcionamiento.
¿Qué es la distimia o trastorno depresivo persistente?
La distimia es el nombre con el que tradicionalmente se ha conocido al trastorno depresivo persistente. Se caracteriza por un estado de ánimo bajo que se mantiene durante largos periodos, generalmente durante al menos dos años en adultos.
Sus síntomas pueden no resultar tan evidentes como los de algunos episodios de depresión mayor. Sin embargo, su continuidad puede afectar profundamente a la autoestima, las relaciones personales, el rendimiento profesional y la capacidad para disfrutar. Muchas personas describen su experiencia con frases como:
- “Siempre he sido así”.
- “No estoy tan mal como para pedir ayuda”.
- “Puedo hacer mi vida, pero todo me cuesta”.
- “No recuerdo cuándo fue la última vez que me sentí realmente bien”.
- “Cumplo con mis obligaciones, pero no disfruto de nada”.
Cuando este estado se prolonga, es frecuente que la persona lo normalice y termine considerándolo parte de su carácter. Precisamente por eso, la distimia puede tardar años en ser reconocida.
¿Cómo se manifiesta la distimia?
La distimia no se presenta de la misma manera en todas las personas. Algunas experimentan principalmente tristeza o desesperanza, mientras que en otras predominan el cansancio, la irritabilidad, la baja autoestima o la pérdida de interés.
También puede manifestarse de forma diferente dependiendo del momento en el que comienza. Cuando aparece durante la infancia, la adolescencia o la primera etapa de la vida adulta, puede integrarse con mayor facilidad en la percepción que la persona tiene de sí misma. En otros casos comienza más adelante, después de acontecimientos vitales difíciles, enfermedades, pérdidas o periodos prolongados de estrés.
Los síntomas pueden fluctuar. Es posible atravesar etapas algo mejores y otras de mayor malestar, sin llegar a recuperar durante suficiente tiempo el estado de ánimo y el funcionamiento previos.
¿Cuáles son los síntomas de la distimia?
El síntoma central de la distimia es un estado de ánimo deprimido que permanece la mayor parte del tiempo y durante un periodo prolongado. A menudo no se vive como una tristeza intensa, sino como una combinación persistente de cansancio, desmotivación y dificultad para disfrutar.
Esta pérdida de interés o placer se conoce como anhedonia. Puede aparecer de manera progresiva: actividades, relaciones o proyectos que antes resultaban satisfactorios dejan de despertar ilusión y la persona comienza a vivir su día a día con una sensación de desconexión o indiferencia. Junto a este estado pueden aparecer otros síntomas:
- Cansancio o falta de energía.
- Baja autoestima.
- Sensación persistente de tristeza o vacío.
- Desesperanza respecto al futuro.
- Problemas de concentración o para tomar decisiones.
- Alteraciones del sueño y del apetito.
- Irritabilidad.
- Sentimientos de culpa o inutilidad.
- Menor iniciativa para comenzar actividades.
- Tendencia al aislamiento.
- Dificultades en las relaciones personales o de pareja.
La acumulación de estos síntomas ayuda a entender por qué la distimia puede resultar tan limitante, aunque desde fuera no siempre sea evidente. Muchas personas continúan trabajando, relacionándose y cumpliendo con sus responsabilidades, pero lo hacen con un esfuerzo emocional muy superior al que perciben quienes las rodean.
¿Por qué aparece la distimia?
No existe una única causa. La distimia suele surgir por la interacción de diferentes factores biológicos, psicológicos y ambientales. Entre los factores que pueden intervenir se encuentran:
- Antecedentes familiares de depresión u otros trastornos del estado de ánimo.
- Vulnerabilidad biológica individual.
- Experiencias adversas durante la infancia o la adolescencia.
- Pérdidas afectivas o acontecimientos vitales estresantes.
- Estrés mantenido en el ámbito personal o profesional.
- Enfermedades físicas crónicas o dolor persistente.
- Aislamiento social.
- Baja autoestima o patrones de pensamiento muy negativos.
- Falta de apoyo emocional.
- Otros trastornos psicológicos o psiquiátricos.
Tener alguno de estos factores no significa necesariamente que se vaya a desarrollar una distimia. Del mismo modo, no siempre es posible identificar un acontecimiento concreto que explique su aparición. Durante la valoración también es importante descartar problemas médicos, efectos de determinadas sustancias o medicamentos y otros trastornos que puedan provocar síntomas parecidos.
¿En qué se diferencian la distimia y la depresión mayor?
La principal diferencia suele encontrarse en el curso de los síntomas. En la depresión mayor, los síntomas pueden aparecer en forma de episodios más claramente delimitados y alcanzar una intensidad elevada. En la distimia, el malestar suele ser más continuo y mantenerse durante años.
No obstante, no es correcto reducir la diferencia a que una es grave y la otra leve. Una distimia prolongada puede afectar de manera considerable a la calidad de vida y provocar un deterioro importante. Además, ambas situaciones no son necesariamente excluyentes. Una persona con síntomas depresivos persistentes puede atravesar también periodos en los que estos se intensifiquen y cumplan las características de un episodio depresivo mayor.
Por este motivo, el diagnóstico no debe basarse únicamente en cuánto tiempo lleva la persona sintiéndose mal. Es necesario valorar la intensidad, la duración, la evolución, la repercusión funcional y la posible presencia de otros trastornos.
¿Cómo se diagnostica la distimia?
El diagnóstico se realiza mediante una evaluación clínica completa. No existe una prueba médica única que permita confirmar la distimia. En consulta se exploran aspectos como:
- Cuándo comenzaron los síntomas.
- Durante cuánto tiempo se han mantenido.
- Si han existido periodos de mejoría completa.
- Cómo afectan al trabajo, los estudios y las relaciones.
- Los cambios en el sueño, el apetito y la energía.
- La capacidad para disfrutar.
- Los antecedentes personales y familiares.
- Los tratamientos realizados anteriormente.
- La presencia de ansiedad, consumo de sustancias u otros síntomas.
- La posible existencia de pensamientos de muerte o autolesión.
En algunos casos puede ser necesario solicitar una valoración médica o determinadas pruebas para descartar alteraciones físicas que puedan contribuir al cansancio, los cambios de ánimo o las dificultades cognitivas. También es importante diferenciar la distimia de un duelo, un trastorno adaptativo, un episodio depresivo mayor, un trastorno bipolar o un estado de desánimo relacionado con una enfermedad física.
¿Cómo se trata la distimia?
El tratamiento de la distimia debe adaptarse a la historia clínica, los síntomas, la intensidad del malestar y las circunstancias de cada persona. Puede incluir psicoterapia, medicación o una combinación de ambas.
La psicoterapia puede ayudar a identificar patrones de pensamiento y comportamiento que mantienen el malestar, mejorar la regulación emocional, recuperar actividades satisfactorias y afrontar las dificultades personales o relacionales. El tratamiento farmacológico puede estar indicado cuando los síntomas son persistentes, provocan una limitación importante o no han mejorado suficientemente con otras intervenciones. La decisión de utilizar medicación debe realizarse después de una valoración psiquiátrica individualizada. También pueden formar parte del tratamiento:
- La recuperación progresiva de rutinas.
- La regulación del sueño.
- La actividad física adaptada.
- El fortalecimiento de las relaciones sociales.
- La reducción del consumo de alcohol u otras sustancias.
- El tratamiento de enfermedades físicas asociadas.
- El seguimiento continuado de la evolución.
Después de convivir durante años con el malestar, la mejoría puede ser gradual. Esto no significa que el tratamiento no esté funcionando. Resulta importante establecer objetivos realistas, revisar periódicamente la evolución y ajustar la intervención cuando sea necesario.
¿Cuándo acudir a un psiquiatra por distimia?
Es recomendable solicitar una valoración cuando el desánimo, la falta de energía o la incapacidad para disfrutar se mantienen durante meses y empiezan a percibirse como el estado habitual. También conviene consultar cuando:
- Sientes que llevas años funcionando por inercia.
- Cumples con tus obligaciones, pero todo te supone un esfuerzo excesivo.
- Has perdido progresivamente la ilusión o el interés.
- Te cuesta recordar una etapa prolongada en la que te hayas sentido bien.
- El malestar afecta a tus relaciones o a tu rendimiento profesional.
- Has realizado terapia sin obtener una mejoría suficiente.
- Los síntomas están empeorando.
- Aparecen episodios depresivos más intensos.
- Utilizas alcohol, fármacos u otras sustancias para aliviar el malestar.
- Tienes pensamientos recurrentes de muerte o de hacerte daño.
La consulta psiquiátrica no implica necesariamente iniciar medicación. Su objetivo inicial es comprender qué está ocurriendo, establecer un diagnóstico y valorar las opciones de tratamiento.
¿Qué voy a mejorar tratando la distimia?
El tratamiento puede ayudar a recuperar capacidades y sensaciones que habían quedado ocultas por la persistencia del malestar. Entre los objetivos se encuentran:
- Recuperar la energía y la iniciativa.
- Mejorar el estado de ánimo.
- Volver a experimentar interés y disfrute.
- Fortalecer la autoestima.
- Dormir y descansar mejor.
- Reducir la desesperanza.
- Mejorar la concentración y la toma de decisiones.
- Relacionarse de una manera más satisfactoria.
- Afrontar las responsabilidades sin un esfuerzo emocional constante.
- Prevenir nuevos episodios depresivos o detectar antes su aparición.
Cuando una persona lleva mucho tiempo sintiéndose de una determinada manera, puede costarle imaginar que su experiencia pueda ser diferente. Sin embargo, la distimia es tratable y pedir ayuda permite empezar a distinguir qué forma parte de la personalidad y qué responde a un trastorno depresivo mantenido.