¿Una persona con trastorno bipolar es consciente de sus actos?

Una de las preguntas que más dudas genera en familiares y parejas de personas con trastorno bipolar es hasta qué punto alguien es consciente de lo que hace durante un episodio. A veces la pregunta aparece después de una compra impulsiva, una discusión muy intensa, una decisión inesperada o un comportamiento completamente diferente al habitual. La respuesta no puede reducirse a un sí o un no.

Una persona con trastorno bipolar puede ser perfectamente consciente de sus actos, especialmente cuando se encuentra estable. Sin embargo, durante determinados episodios, sobre todo durante una fase de manía intensa, pueden alterarse el juicio, la percepción del riesgo, el control de los impulsos y la capacidad para reconocer que lo que está ocurriendo forma parte de una enfermedad.

Esto tampoco significa que cualquier comportamiento de una persona con trastorno bipolar deba atribuirse automáticamente al diagnóstico. Para entender una conducta concreta necesito saber en qué estado clínico se encontraba esa persona, qué síntomas presentaba y hasta qué punto estaban afectando a su forma de percibir la realidad y tomar decisiones.

Ser consciente, tener buen juicio y controlar una conducta no son exactamente lo mismo

Antes de responder a la pregunta conviene diferenciar varios conceptos que con frecuencia se mezclan. Una persona puede saber qué está haciendo y, al mismo tiempo, tener muy alterada su valoración de las consecuencias.

Por ejemplo, durante una fase de manía alguien puede saber perfectamente que está comprando un coche, iniciando un negocio o enviando determinados mensajes. Lo que puede estar alterado es su percepción de si esa decisión es razonable, de cuánto riesgo está asumiendo o de cuáles pueden ser las consecuencias.

También hablamos en psiquiatría de conciencia de enfermedad o insight. Se refiere, de forma simplificada, a la capacidad de reconocer que determinadas experiencias, pensamientos o comportamientos están relacionados con un problema de salud mental y que puede ser necesario recibir tratamiento.

No es lo mismo saber que estoy haciendo algo que reconocer que mi manera de actuar está condicionada por un episodio maníaco. Esta distinción es muy importante porque explica situaciones que desde fuera pueden resultar difíciles de entender.

¿Qué ocurre durante un episodio de manía?

La manía puede modificar de forma importante la manera en que una persona piensa, interpreta lo que sucede y toma decisiones. Durante un episodio maníaco pueden aparecer una energía muy elevada, menor necesidad de dormir, aceleración del pensamiento, verborrea, irritabilidad, sensación exagerada de confianza o grandiosidad y una mayor tendencia a actuar impulsivamente.

La persona puede emprender proyectos poco realistas, gastar cantidades de dinero que habitualmente no gastaría, conducir de forma imprudente, tomar decisiones laborales precipitadas, aumentar las conductas sexuales de riesgo o involucrarse en conflictos que normalmente evitaría. Desde fuera puede parecer evidente que algo no va bien. Sin embargo, la propia persona puede no verlo de la misma manera.

Precisamente uno de los problemas que pueden aparecer durante la manía es la disminución del insight. La persona puede sentirse especialmente bien, productiva, segura o capaz y considerar que son los demás quienes están exagerando o intentando limitarla.

Por eso, decir simplemente que “no sabe lo que hace” tampoco sería correcto. Puede saber materialmente qué está haciendo, pero su capacidad para valorar correctamente el riesgo y las consecuencias puede estar alterada.

Cuando la manía incluye síntomas psicóticos

En los episodios más graves puede producirse además una pérdida más importante del contacto con la realidad. Pueden aparecer ideas delirantes, como estar completamente convencido de poseer capacidades extraordinarias, tener una misión especial o disponer de recursos económicos que realmente no existen. En algunos casos también pueden aparecer alucinaciones. Aquí la capacidad de valorar una situación puede estar considerablemente comprometida.

Si una persona está tomando decisiones importantes a partir de una percepción de la realidad claramente alterada, no podemos analizar su comportamiento del mismo modo que analizaríamos una decisión tomada en una situación de estabilidad. Por eso es tan importante valorar clínicamente cada episodio y no interpretar todas las conductas únicamente desde fuera.

¿Y durante una hipomanía?

La hipomanía es una elevación del estado de ánimo menos intensa que la manía. La persona puede encontrarse más activa, sociable, optimista, habladora o productiva y necesitar menos horas de sueño. También puede aumentar la impulsividad o aparecer una confianza excesiva. Sin embargo, habitualmente no existe el grado de deterioro funcional que encontramos en una manía grave.

Esto significa que una persona en hipomanía puede conservar una conciencia bastante mayor de lo que está haciendo. Aun así, puede infravalorar riesgos o no reconocer que su comportamiento está cambiando. De hecho, algunas personas no viven inicialmente la hipomanía como un problema. Pueden sentirse especialmente eficaces, creativas o llenas de energía y no identificar esa situación como parte de un episodio.

El entorno suele ser quien detecta primero que algo ha cambiado: duerme mucho menos, habla más rápido, comienza demasiados proyectos, está más irritable o toma decisiones que no encajan con su forma habitual de actuar.

¿Qué sucede durante una fase depresiva?

Durante una depresión bipolar la situación suele ser distinta. No es habitual encontrar el mismo grado de pérdida de conciencia de enfermedad que puede aparecer durante una manía intensa, aunque la depresión también puede alterar considerablemente la manera de pensar.

La persona puede sentirse profundamente culpable, inútil, desesperanzada o convencida de que nunca va a mejorar. Puede tener dificultades para concentrarse, tomar decisiones o valorar su propia situación con perspectiva. Por eso tampoco debemos confundir ser consciente con tener una percepción completamente objetiva.

Una persona deprimida puede saber qué está haciendo y, sin embargo, interpretar su vida desde una visión profundamente condicionada por los síntomas depresivos. En los episodios depresivos muy graves también pueden aparecer síntomas psicóticos, lo que requiere una valoración psiquiátrica especialmente cuidadosa.

¿Una persona con trastorno bipolar recuerda después lo que hizo?

En muchos casos, sí. Una vez que el episodio mejora, la persona puede recuperar perspectiva y comprender que tomó decisiones o tuvo comportamientos que no habría tenido encontrándose estable. Es frecuente que entonces aparezcan sentimientos de vergüenza, culpa o arrepentimiento.

Algunas personas describen esa etapa diciendo que les cuesta reconocerse en determinadas conductas. Otras recuerdan perfectamente lo ocurrido, pero explican que en ese momento estaban convencidas de que sus decisiones eran razonables.

También puede haber recuerdos incompletos de algunos periodos, especialmente cuando el episodio ha sido muy intenso, ha existido una alteración grave del sueño, consumo de sustancias u otros factores añadidos. Por eso tampoco existe una única experiencia aplicable a todas las personas con trastorno bipolar.

¿El trastorno bipolar justifica cualquier comportamiento?

No. Este es probablemente uno de los puntos que considero más importantes cuando hablo con familiares y parejas.

Tener un trastorno bipolar no significa que cualquier conducta deba explicarse por la enfermedad ni que la persona pierda automáticamente toda capacidad de decisión. Hay personas con trastorno bipolar que pasan largos periodos completamente estables y llevan su vida personal, familiar y profesional con normalidad.

Por otro lado, durante determinados episodios sí puede existir una afectación importante del juicio, de la impulsividad o de la percepción de la realidad. Por eso no es útil situarse en ninguno de los dos extremos: ni pensar que todo comportamiento es voluntario y completamente controlable, ni atribuir cualquier problema de comportamiento al diagnóstico.

En consulta intento reconstruir qué ocurrió realmente: cómo dormía la persona, cómo estaba su estado de ánimo, si existía aceleración del pensamiento, grandiosidad, irritabilidad, impulsividad, síntomas psicóticos, consumo de sustancias o cambios evidentes respecto a su funcionamiento habitual. Es ese conjunto de información el que permite entender mejor hasta qué punto una conducta estaba relacionada con un episodio.

¿Por qué muchas veces la familia ve el problema antes que la propia persona?

Porque algunos síntomas del trastorno bipolar pueden resultar más evidentes para quienes conocen bien el comportamiento habitual de la persona. Un familiar puede darse cuenta de que lleva varias noches durmiendo apenas dos o tres horas, que habla sin parar, que está gastando demasiado dinero o que está tomando decisiones cada vez más arriesgadas.

La persona, en cambio, puede interpretar esos mismos cambios como una etapa especialmente buena: se encuentra llena de energía, siente que piensa con mucha claridad y tiene una confianza enorme en sus capacidades. Esta diferencia de percepción puede generar mucho conflicto.

La familia intenta frenar determinadas decisiones mientras la persona siente que están intentando controlarla. En estas situaciones, entrar en discusiones constantes sobre quién tiene razón suele ayudar poco. Es más útil centrarse en cambios concretos respecto a su comportamiento habitual y facilitar una valoración profesional cuanto antes.

Qué hacer si una persona con trastorno bipolar parece estar entrando en una fase de manía

Cuando existe un diagnóstico previo, aprender a identificar las señales iniciales de recaída puede ser una parte muy importante del tratamiento. Los cambios en el sueño suelen ser especialmente relevantes. Dormir cada vez menos sin experimentar cansancio puede preceder a otros síntomas.

También pueden aparecer mayor irritabilidad, aumento llamativo de la actividad, multitud de nuevos proyectos, gastos inesperados, verborrea o una seguridad poco habitual. Si observas estos cambios, es preferible plantear tu preocupación desde hechos concretos: “llevas cuatro noches durmiendo muy poco y te noto mucho más acelerado”, suele ser más útil que decir: “estás otra vez maníaco”.

El objetivo no debería ser convencer a la persona de que está enferma en mitad de una discusión, sino intentar que acepte una valoración.

Además, cuando hay una alteración importante del juicio, puede ser necesario reducir temporalmente situaciones de riesgo relacionadas con dinero, conducción, consumo de sustancias u otras decisiones potencialmente perjudiciales. Si aparecen síntomas psicóticos, conductas extremadamente desorganizadas, riesgo para la propia persona o para otras personas, o una pérdida clara de contacto con la realidad, se necesita atención profesional urgente.

Cuándo conviene pedir ayuda psiquiátrica

No hace falta esperar a que la situación llegue a un extremo. Cuanto antes se detecta un cambio significativo, más posibilidades hay de intervenir antes de que el episodio avance.

Conviene solicitar valoración especialmente cuando aparecen cambios claros en el sueño, la energía, el comportamiento, los gastos, la irritabilidad o la impulsividad, y estos cambios no encajan con la forma habitual de ser de la persona. También es importante pedir ayuda cuando la familia empieza a cuestionarse precisamente si la persona está siendo consciente de lo que hace. Esa duda puede ser una señal de que existe un cambio importante en su funcionamiento.

Cómo puedo ayudarte ante un posible episodio bipolar

En consulta no me centro únicamente en una conducta aislada. Necesito comprender qué ha cambiado respecto al funcionamiento habitual de la persona, cuándo comenzaron los síntomas, cómo está durmiendo, qué decisiones está tomando y si existen antecedentes de episodios depresivos, maníacos o hipomaníacos.

También es importante escuchar al entorno. En un trastorno bipolar, la información aportada por una pareja o un familiar puede ser especialmente valiosa cuando la propia persona tiene dificultades para reconocer los cambios que está experimentando.

A partir de esa evaluación podemos determinar qué está ocurriendo y qué tratamiento necesita. En los casos ya diagnosticados, el seguimiento permite además aprender a reconocer las primeras señales de recaída y establecer estrategias antes de que los síntomas aumenten.

Mi objetivo es que tanto la persona como su entorno comprendan qué está pasando. Tener un diagnóstico no debería generar más confusión, sino permitir interpretar mejor los cambios y tomar decisiones con mayor seguridad.

Preguntas frecuentes sobre si una persona con trastorno bipolar es consciente de sus actos

¿Una persona con trastorno bipolar sabe que está entrando en una fase de manía?

No siempre. Algunas personas aprenden a reconocer sus primeras señales de descompensación, especialmente después de recibir tratamiento y psicoeducación. Sin embargo, a medida que la manía aumenta puede disminuir la conciencia de enfermedad y resultar más difícil reconocer que existe un problema.

¿Una persona con trastorno bipolar puede perder el control?

Durante un episodio de manía puede aumentar considerablemente la impulsividad y disminuir la valoración de las consecuencias. Esto no significa necesariamente una pérdida absoluta del control, pero sí puede existir una alteración significativa de la capacidad para tomar decisiones como lo haría encontrándose estable.

¿Una persona con trastorno bipolar puede arrepentirse después de una fase maníaca?

Sí. Cuando el episodio mejora, muchas personas recuperan perspectiva y pueden arrepentirse de algunas decisiones o comportamientos. Este proceso puede generar mucha culpa o vergüenza, por lo que también es importante trabajar posteriormente lo ocurrido dentro del tratamiento.

¿Una persona con trastorno bipolar recuerda lo que hizo durante una crisis?

Muchas personas recuerdan gran parte de lo sucedido, aunque la experiencia varía según la gravedad del episodio y otros factores. Recordar una conducta no significa necesariamente que durante el episodio se estuvieran valorando adecuadamente sus consecuencias.

¿Las personas con trastorno bipolar manipulan o mienten?

El trastorno bipolar no convierte a una persona en manipuladora ni mentirosa. Estos comportamientos no deben considerarse características propias del diagnóstico. Determinadas conductas pueden aparecer durante un episodio, pero deben valorarse individualmente y teniendo en cuenta el contexto clínico.

¿Una persona con trastorno bipolar puede llevar una vida normal?

Sí. Con diagnóstico, tratamiento y seguimiento adecuados, muchas personas con trastorno bipolar mantienen relaciones, desarrollan su carrera profesional y llevan una vida satisfactoria. Uno de los objetivos fundamentales del tratamiento es precisamente mantener la estabilidad y reducir la frecuencia y gravedad de las recaídas.

Si sientes que lo que te ocurre no termina de encajar o no estás mejorando como esperabas, una valoración psiquiátrica puede ayudarte a entenderlo y encontrar el tratamiento adecuado.